sin sus artificios, Emile Cioran

Sin sus artificios, ¿cómo no enrojecer de tener un alma?

Nuestras soledades a flor de piel, ¡qué infierno para los otros!

Pero es siempre para ellos y a veces para nosotros mismos para quien inventamos nuestras apariencias…

E. C.

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