32 años de democracia y no aprendimos nada

Siempre me dijeron que la Democracia es el mejor sistema de Gobierno del pueblo por el pueblo. En la vereda de enfrente están las dictaduras y las monarquías, que viéndolas desde una perspectiva generosa son lo mismo.

Gano la antipolítica, porque si bien Daniel Scioli y Mauricio Macri (que fueron los que más votos lograron adherir en la primera vuelta) vienen trabajando desde hace menos de 15 años en la cosa pública, ambos representan a ciudadanos exitosos en el ámbito del deporte o las empresas, antes que los políticos de formación pura y dura.

Sin embargo en mi país, esta premisa no se toma en cuenta, seguimos eligiendo Presidentes por la persona, no por el proyecto y mucho menos por lo que van a hacer. La campaña de estos comicios del 2015 fue simple Scioli, Massa o Macri (había otros candidatos pero esos eran los que ganaban espacios) donde el primero representaba a Cristina Fernández, no a un proyecto de una gestión que hace 12 años administra la cosa pública y se autodenomina Proyecto Nacional, Popular y Democrático; Massa el representante de los Barones del Conurbano no K y el gobierno de Córdoba; mientras Macri era el pibe cincuentón que revoluciono la CABA. O sea ninguno era un proyecto político de gestión, sino personas con listas de gente detrás.

Gano la antipolítica, porque si bien Daniel Scioli y Mauricio Macri (que fueron los que más votos lograron adherir en la primera vuelta) vienen trabajando desde hace menos de 15 años en la cosa pública, ambos representan a ciudadanos exitosos en el ámbito del deporte o las empresas, antes que los políticos de formación pura y dura.

Macri con el frente Cambiemos obtuvo más votos en la segunda vuelta o balotaje, por eso es el nuevo Presidente que asumirá el próximo 10 de diciembre. Su frente adoso al tradicional partido UCR y a pequeños partidos que surgieron luego de la fractura social del 2001-2002. Con ese consenso bastante endeble desde lo partidario (por la falta de alcance territorial de su espacio el PRO) logró lo impensado, vencer al monstruo deforme y de mil brazos ideológicos que es el Peronismo argentino, algo que raras veces se ve.

El Peronismo con esa única fusión interna que va desde la extrema derecha cristiana militar hasta lo más izquierdista del movimiento obrero presentó a un candidato dialoguista Daniel Scioli. Capaz de contener todos los extremos no por su personalidad, como lo hicieron Carlos Menem, Carlos Néstor Kirchner y Cristina Fernández, sino por esa mesura que emana y es capaz de contener cualquier exabrupto en todas las situaciones.

Scioli fue un títere de las órdenes de la Presidenta actual, que organizó quienes lo acompañarían en las listas, desde el vice hasta muchos de los candidatos a Gobernadores. Los operadores de campaña se abocaron a adivinar lo mal que le iría al país si ganaba Macri y no contar las bondades del Proyecto Nacional, Popular y Democrático de elegir a Scioli. Quien además recibía una metralla (no solo fuego) amigo de parte de los “intelectuales” defensores del “Modelo” que aclaraban en todo momento que “Daniel no representa fielmente al modelo” o “lo votamos porque lo eligió Cristina”.

Una editorial de principios de año de “Le Monde Diplomatic” edición Cono Sur firmada por José Natanson hablaba de que “entre Massa y Scioli, Cristina elige a Mauricio Macri”, viendo la campaña a todas luces era así. Quizás porque ella (o sus asesores) cree(n) que como en el caso chileno, donde el pueblo volvió a elegir a Michele Bachelet luego de cuatro años de una rara gestión de Piñeira que se desmoronó por un terremoto y varios incendios, aquí ella volvería victoriosa y radiante en el año 2019 ante el clamor popular.

Esta campaña tan irreal del candidato oficialista (el que corre con el caballo del comisario) le dio espacios a la oposición que jugaba fragmentada y sin ideas. El voto popular hizo necesaria una segunda vuelta, donde se enfrentarían Mauricio Macri (el opositor más votado) y Daniel Scioli (candidato oficialista). Al momento de confirmarse la necesidad del balotaje, Scioli salió a reclamar un debate público con Macri, aunque semanas antes había dicho que los que van ganando no debaten con los perdedores…..

Allí se dio un quiebre en la campaña, los operadores oficialistas querían seguir con la magia de las adivinanzas, relatando a cuanto saldrá el tomate y el pasaje de colectivos si perdía el oficialismo. Negando cualquier error en la gestión y considerando que el bajo caudal de votos obtenidos por su candidato y su campaña era producto de la campaña mediática de los mass media de Buenos Aires (La Nación y Clarin).

Macri siguió jugando a mostrar eso que más sabe (él o Duran Barba) una campaña con lo opuesto al político tradicional, mujeres y hombres que parecen más amigos de un club de campo que a los circunspectos políticos encerrados en salones oscuros para rosquear. La gente ve en eso una gran diferencia, casi abismal, porque los ve hacer (o parecer) una vida común.

La campaña iba de mal en peor para el oficialismo. Macri acepto el debate y los otros candidatos opositores se negaban a apoyar a Scioli, liberando el voto de sus electores. En un debate donde nadie respondió a nadie, los candidatos se chicanearon sin cesar. Macri demostró mayor astucia al confrontar a Scioli con su realidad, es el candidato oficial, pero Scioli trabaja de distanciarse, dejando en claro sus contradicciones.

De allí en más el único operador de “Scioli Presidente” fue el propio Scioli, porque quien lo ungió como candidato y sus seguidores se hicieron a un lado, para no quedar como los “artífices de la derrota del Peronismo en manos de un empresario de la derecha”. Sin embargo esto lo único que ha hecho en el imaginario popular es refrendarles ese estigma, porque consideran que dejaron solo a su candidato.

Macri venció en la segunda vuelta… “ustedes hicieron posible este milagro” dijo el candidato al hablarles a sus votantes, hasta él lo consideraba un milagro (al igual que el antropologo Alejandro Grimson). En solo 12 años armo un partido político y logró ser elegido Presidente. Una exigua diferencia 700 mil votos lo pusieron al frente del Ejecutivo Nacional para gusto o disgusto de todos.

Ahora bien, esto no es lo malo.

Lo malo es la reacción de muchos, que como Fernando Esteche (denunciado por ser informante de la SIDE) líder del sector de izquierda más combativo Quebracho que salió a decir que el balotaje puso de manifiesto que “hay dos países”, y que si el futuro Gobierno de Mauricio Macri pretende “gobernar contra el pueblo, el pueblo no lo va a dejar gobernar”. Estas actitudes mayor o menormente demostrativas son las que hacen pensar que la democracia en Argentina es algo muy lejano.

Por su parte Carlos Heller del Partido Solidario (nunca fue a elecciones) en un comunicado oficial enviado a los medios indicó “convocamos a toda nuestra militancia a enfrentar con decisión la ofensiva que se avecina sobre lo conquistado y, con la unidad y diversidad necesaria, contribuir a generar una oposición responsable e inclaudicable”.

Otro ejemplo es el del sindicalismo, Yaski de la CTA alienada al gobierno de Cristina Fernández salió a decir que “es más fácil hacer sindicalismo desde la oposición”, reconociendo que en los últimos 12 años se “cago en sus afiliados” porque él era oficialista. Otro que salió con los tapones de punta fue Roberto Baradel del sindicato de docentes de Buenos Aires que afirmó que ahora recién podrán pedir aumentos salariales por encima del 40 por ciento, para que los salarios reales de sus afiliados lleguen a valores decentes.

Cuestiones como esa muestran como a los “dirigentes” (que pagamos para que defiendan a sus representados) les importa más mantener sus privilegios, que lograr que el pueblo argentino avance y crezca en paz y armonía. Les importa “defender sus derechos” no el del común de los ciudadanos, porque si los salarios durante el gobierno que ellos apoyaban no eran decentes, que hacían ellos, bajo que excusa dirán que no defendieron los intereses de los trabajadores?

No digo que Macri sea el mejor Presidente (dudo que pueda hacer una buena gestión por lo corrupto que está el sistema), sino que nos vemos de cara a un futuro donde los sindicalistas, esos que empujaron a toda la población a romper cacerolas y hacer piquetes en el 2000 y 2001 gritando “que se vayan todos”, planean ya hacer lo mismo, solo porque ellos no son los oficialistas.

Por debajo, en esa libertad de opinar que dan las redes sociales, salen los beneficiados de este modelo, no los que reciben una AUH, un Procrear o una caja de alimentos, sino los que es estos 12 años de “trabajar” en el Estado se compraron propiedades (que alquilan), viajaron por el mundo, acomodaron en planta permanente a sus hijos, sobrinos y demás; los que vienen a decir “Somos la Resistencia” “Vamos a Resistir a Macri” con consignas tan incendiarias, que recuerdan a los curas de la inquisición.

Una rara realidad nos espera, muchos salen a sumarse a esas consignas, como imberbes estúpidos salen a decir “somos los jóvenes de izquierda que queremos defendernos de la derecha que trae Macri”. Imbéciles, que generan confusión y atacan la débil estabilidad con la que asumirá el próximo gobierno, que nos guste o no, por el bien de la democracia debe terminar dentro de cuatro años. Porque si termina antes en un estallido social, los únicos que perderán seremos los que vivimos de nuestros trabajos, porque quiérase o no, en el 2001 no se fue nadie.

La clase política y sindical que vive de la teta del Estado como sanguijuelas no ha parado de crecer desde el año 1983. Se disfrazan de Peronistas, Radicales, Izquierdistas, Progresistas y se cagan en los que no son como ellos.

Uno de los pocos, que luego de la segunda vuelta se mostró dispuesto a aceptar lo que eligió la mayoría fue el actor Gerardo Romano, quien hace días levantó la polémica al declarar que “que un pobre vote a Macri es como que un judío vote a Hitler”, habló del triunfo electoral de Cambiemos y, a diferencia del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, el primer funcionario del Gobierno en referirse a la derrota del FPV, dijo que “no hay ni una norma constitucional que diga que si gana por el 0,02 por ciento no tiene legitimidad”

Lastimosamente los argentinos no aprendimos nada en los 32 años de democracia, que sigue siendo facha y oligarca. Manejada por unos pocos enquistados en el poder.

Ojala esto cambie y podamos crecer como país y como ciudadanos.

TDD

 

 

 

 

 

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