Charla con Atilio Borón para tener un panorama político regional y global

El prestigioso sociólogo, escritor y politólogo argentino Atilio Borón recibió el pasado jueves el diploma de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Misiones (UnaM). En su visita a la tierra colorada visitó la redacción de Economis y analizó el contexto global, el giro a la derecha de la política, el gobierno de Donald Trump y el impacto del narcotráfico en la región.

Reflexivo y distentido, Borón dialogó con Economis para sobre el panorama político regional y global.

Sobre el narcotráfico no dudó en alertar sobre el avance de la narcopolítica. “Lo estamos experimentando ya en la Argentina. Esto debido, en una parte a la corrupción de los organismos policiales que deben controlar el narcotráfico y por otro a la corrupción de algunos estamentos estatales como la Justicia, los legisladores, los gobiernos nacionales, provinciales y municipales. No hay una estrategia seria para luchar contra el narcotráfico”, analizó.

Aunque aclaró que la problemática es regional y global. “El mayor problema crucial del narcotráfico es que Estados Unidos no hace absolutamente nada para contrarrestar la fuerte demanda de psicotrópicos que tiene Estados Unidos”. “Siguen siendo los principales consumidores de estas sustancias”, recordó.

“Ni siquiera tienen un programa como el Sedronar. ¿Cómo se puede explicar que en un país que es el principal consumidor no haya un programa federal de combate a la adicción?”, se preguntó. . Y consideró que nada de lo que hagan los países de América Latina en soledad, logrará evitar la producción estas sustancias.

“En un contexto de pobreza, miseria, abandono de las zonas rurales, como la que se ve en Paraguay, Perú, Colombia, ¿qué hace el campesino? Se dedica a plantar amapolas para producir heroína, o cocaína o marihuana”, relató.

Recordó que la mayor narcotraficante del mundo fue la Reina Victoria, que ingresó a punta de cañonazos el opio en la China. “Primero le pidió el ingreso del opio en la China al Emperador, donde estaba prohibido por un edicto contra las drogas. Y a partir de dos guerras lograron ingresar y legalizar el opio. Con esto China, que era una potencia imperial se desploma y luego fue invadida por los japoneses”.

Dijo que era necesario hacer una analogía con este hecho histórico para comprender si Estados Unidos “no ha sido el gran cómplice o tal vez el motor principal de la expansión del narcotráfico en el mundo. Con sus paraísos fiscales para lavar esos dólares y con dos agencias como la DEA, que como demostró Evo Morales, se metió en Bolivia no para luchar sino para organizar el narcotráfico y la CIA que a través de los Zetas hizo lo mismo en México”.

“Mi voz de alerta es: cuidado, porque este tema del narcotráfico tiene implicaciones más allá de meramente delictivo y criminal y puede ser también un plan de dominación como el aplicado por la Reina Victoria en China y que fue exitoso”, dijo el filosofo.

“No creo que haya un giro a la derecha el América Latina”

Reflexionando sobre el acontecer político en Sudamérica el filosofo consideró que “el giro no se ha consumado, es un proceso. Pero hay una lentificación en los procesos de transformación que comenzaron en América Latina desde finales del siglo pasado”.

Recordó que “en Venezuela, aunque con problemas, sitiada, agredida, resiste el gobierno bolivariano; en Ecuador acaba de ser ratificado el gobierno de la Revolución Ciudadana; en Bolivia, Evo Morales aún tiene dos años de gestión por delante y no se vislumbra un cambio en el gobierno; en Nicaragua y en El Salvador siguen los gobiernos del ciclo progresista”.

Consideró que los únicos cambios claros que se observan son “el triunfo de la derecha en Argentina y el golpe blando en Brasil. En Uruguay sigue el Frente Amplio con una orientación más moderada, porque ha habido un cambio en la escena política económica mundial, que impide avanzar con el impulso de años pasados”.

“Cuando uno mira el famoso giro, es algo que está empezando a insinuarse, con mucha dificultad”, dijo el filosofo. Recordó que en el caso argentino, el triunfo fue por un pequeño margen y “no ha logrado todavía consolidarse como una verdadera opción y tiene ahora una prueba de fuego en octubre”. Analizó que si no logran un triunfo claro en octubre no tendrá posibilidades de pensar en un segundo periodo al frente del Gobierno.

Sobre la situación brasileña, opinó que Michel Temer es “una figura muy débil”, más aún después de las denuncias por sobornos. Consideró que en el caso de que Brasil vaya a elecciones directas, el mejor candidato es Lula, lo que significaría un retorno del progresismo.

En el caso paraguayo, remarcó que la derecha, luego del golpe blando a Lugo, sigue en el poder. Igual situación se observa en Perú. Pero para Borón “no hay demasiada sustancia para el giro a la derecha”.

Alertó que en México, se puede romper el monopolio de la derecha, porque el grupo Morena encabezado por López Obrador va creciendo mucho. Su triunfo sería un “gran impulso al ciclo progresista de izquierda para Latinoamérica”.

Lo de Trump es un terremoto político

Borón consideró un gran cambio la elección estadounidense para todo el mundo. Recordó que Donald Trump ha tenido muchos desplantes con diferentes líderes del mundo y tiene acciones “profundamente reaccionarias, como el de retirar a Estados Unidos del acuerdo de París, lo que es una salvajada”.

Sobre esto indicó que “el cambio climático es un problema real que inexorablemente va a generar una tragedia a escala mundial. Estas lluvias que sufrió Misiones por semanas y meses son un ejemplo de eso. Es más en algunas zonas áridas de Argentina como San Juan y Córdoba han surgido nuevos ríos importantes, se está cambiando la hidrografía”.

En este sentido consideró que “Trump es una amenaza muy importante”.

Aunque reconoció que algunas propuestas del presidente norteamericano son importantes como la de “mejorar las relaciones con Rusia. Así acabar la idea de que Rusia es un enemigo mortal, contra el que hay que plantear una guerra. Como planteaba Barack Obama y pensaba continuar Hillary Clinton. Entonces es una gestión con claroscuros”.

Opinó que “cuando él culpa a la globalización neoliberal de la decadencia de Estados Unidos tiene razón”. Comentó que los analistas de izquierda lo venían alertando hace tiempo, porque el “el carácter destructivo del consenso de Washington que tanto daño hacían a otros países también iba a afectar a Estados Unidos”. Afirmó que “él fue quien reconoció que esa globalización estaba carcomiendo la economía industrial norteamericana”.

Consideró que “la estrategia electoral de Trump fue muy exitosa y es muy razonable. Él veía que había un nivel de desempleo muy alto. Las estadísticas eran muy inferiores a lo real, Obama afirmaba que tenían un desempleo del 4,5 o 5 por ciento y los estudios de analistas estadounidenses serios planteaban que el desempleo era del 16 o 17 por ciento. Que se nota más en el cinturón industrial de Estados Unidos”.

Al ser consultado, porque los candidatos de la izquierda estadounidense como Bernie Sanders no pueden llegar al electorado como si lo hizo Trump, Borón plantea que “Sanders fue mucho más cauteloso al denunciar la debacle producida por la globalización neoliberal. Se quedó a medio camino. Trump fue hasta el final. A mí me hubiese gustado Bernie Sanders como presidente, creo que es un hombre con buenas ideas e intenciones”.

Aunque aclaró que “Estados Unidos es el centro de un imperio, quien quiera que sea el emperador debe actuar dentro de la lógica del imperio, no puede hacer cualquier cosa. De lo contrario puede pagar con su vida, tenemos el caso de John F Kennedy, que es bastante claro al respecto. Aún cuando hubiera ganado Bernie Sanders, la posición de Estados Unidos en el mundo lo obliga a actuar en función de ciertos parámetros ideológicos. Trump, Sanders, quien quiera, tienen un margen acotado de acción, la Casa Blanca es el pináculo del poder, pero por debajo hay un entramado de poder que no se puede romper”.

Recordó que a Obama le sucedió eso cuando quiso reformar el sistema de salud, el sistema migratorio e incluso quiso cerrar la cárcel de Guantánamo y quedó a medio camino.

Vamos a un mundo pos hegemonico

Sobre el crecimiento de China, explicó que es una potencia económica y comercial, que no quiere ser un imperio. Para él “Estados Unidos será el último imperio, no hay posibilidad que China establezca un sistema internacional imperial como ese”.

Afirmó que la política militar China es netamente defensiva. “China se convierte en la gran potencia económica, pero claramente no piensa en convertirse en la sucesora de los Estados Unidos. Entre otras cosas porque el sistema internacional que ha permitido el imperio de Estados Unidos se ha venido abajo”.

Explicó que con la desaparición de la Unión Soviética, han aparecido potencias económicas, que han achicado las asimetrías económicas con Estados Unidos. Destacó el crecimiento económico de China, el resurgimiento de Rusia basado en sus recursos energéticos, como el petroleo, el gas y el agua. Además resaltó la presencia de las BRICS, Indonesia y otros países.

“Antes había una hegemonía mundial que era Estados Unidos, que ordenaba todo el sistema mundial. Hoy el hegemón no tiene esa capacidad”, definió Borón. Consideró que “vamos a un mundo pos hegemónico. Ya con la declinación de la hegemonía norteamericana no iba a haber un país sustituto. En ese sentido Estados Unidos es insustituible”, afirmó.

Explicó que “no hay ningún otro país que pueda ocupar el lugar de Estados Unidos, ni que tenga la mitad del gasto militar mundial en sus manos, ni todo un sistema de espionaje mundial con 16 agencias federales, ni interese puestos en todos los países del mundo”.

Consideró citando a Brzezinski que habrá “gigantes no hegemones”, explicando que Estados Unidos, China y Rusia son los gigantes del mundo pero no son hegemones y eso da un mayor margen de negociación política y económica en el resto de los países del mundo.

Al hablar de esta mayor margen de maniobra, se le consultó sobre el rol del Mercosur y Unasur en este nuevo orden mundial, a lo que Borón consideró que “deben ser redefinidos para que tengan el impacto deseado en sus fundaciones”.

Explicó que el Mercosur debe redefinirse, porque solo benefició a las zonas centrales de Argentina y Brasil, los dos socios mayores del espacio. Consideró que “debe darse un mayor rol a Venezuela como gran abastecedor de energía por la vía del petroleo, pero ahí hay problemas políticos que han marginado a Venezuela y ahí hay un gran error político”.

Además indicó que la redefinición debe ser también para beneficiar e incluir a las periferias interiores de los países. Pero “esto supone una reestructuración de los Estados que deben ser más efectivos y orientados a la planificación económica a largo plazo y eso no lo hemos tenido”.

Para él, el Mercosur “ha servido para una dimensión comercial, que ha permitido la integración comercial de las grandes empresas, sobre todo en el rubro automovilístico. Pero quedó lejos de lo que debía haber sido”.

“La superación del Mercosur era la Unasur, pero esta perdió su principal motor que era Hugo Chavez. Entonces ahora tenemos ese problema de ver como revitalizar la Unasur cuando países como Argentina y Brasil están tratando de sabotearlo, incluso el candidato ecuatoriano Laso había propuesto que si ganaba iba a alquilar el edificio de la Unasur porque no tenía ningún sentido para él”, dijo.

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