“Cuando hay libertad, todo lo demás sobra”

En setiembre de 1814, José de San Martín le pidió al entonces director supremo de las Provincias Unidas, Gervasio Posadas, que lo designara en Mendoza, y en 1815 él ya era el gobernador intendente de Cuyo, preparando el Ejército de los Andes. Pero él necesitaba la Declaración de la Independencia, acción que esperaba cada día en su base militar, en El Plumerillo. La Declaración de la Independencia integraba el plan continental de San Martín, quien emprendió el cruce de la Cordillera en enero de 1817, 5 meses después de la esperada declaración.

A partir de 1810 ya las Provincias Unidas tenían un gobierno propio, aunque nada estable. Desde 1813había un himno, moneda propia y otros símbolos patrios, pero no había Declaración de la Independencia. Siempre se encontraba un motivo estratégico para la dilación fundacional.

Y había una guerra sin cuartel entre Buenos Aires y los territorios del Litoral y la Banda Oriental, controlados por José Gervasio Artigas.

El 20/04/1815, el Cabildo de Buenos Aires eligió director supremo a José Rondeau, quien estaba al frente del Ejército del Norte, en el Alto Perú. Ignacio Álvarez Thomas, quien había liderado una campaña contra Artigas, fue desi gnado director interino.

En aquel 1815, él hizo detener a una comisión del Congreso de Oriente de las provincias artiguistas, que habían bajado a Buenos Aires para establecer la paz, interrumpiendo las tratativas.

Ocurrieron varias acciones militares, y el 16/04/1816, en precaria situación, Álvarez Thomas presentó su “abdicación solemne”, convocándose a un Congreso Nacional.

Su dimisión no cumplió sus objetivos teóricos ya que las provincias bajo la influencia de Artigas no enviaron diputados al Congreso de Tucumán ni participaron en la declaración de la Indepenencia de las Provincias Unidas, algo que sí hicieron, y muy activamente, las provincias que hoy día integran Bolivia.

Pero no fue fue Álvarez Thomas el único responsable. A casi todos les faltó grandeza.

El lugar geográf ico del Congreso fue elegido porque los pueblos del interior se negaban a seguir dándole tanto poder a Buenos Aires. La sede de los encuentros fue la vivienda de doña Francisca Bazán de Laguna.

Las sesiones comenzaron el 24/03/1816. Los diputados Esteban Agustín Gazcón, Teodoro Sánchez de Bustamante y José Mariano Serrano presentaron un plan de trabajo, aceptado por todos y cuyos puntos fundamentales fueron:

> Comunicarse con todas las provincias para insistir en la necesidad de unión y así enfrentar al enemigo externo.

> Declarar la Independencia.

> Discutir la forma de gobierno más conveniente para las Provincias Unidas.

> Elaborar un proyecto de Constitución.

> Preparar un plan para apoyar y sostener la guerra en defensa propia, proveyendo de armamentos a los ejércitos patriotas.

Acerca de la agenda del Congreso, desde Mendoza, San Martín tenía preguntas para articular una agenda, según escribió el 24/05/1815:

“(…) Soberano señor: Un americano republicano por principios e inclinación, pero que sacrifica éstas mismas por el bien de su suelo hace al Congreso presente:

1º – Los americanos de las Provincias Unidas no han tenido otro objeto en su evolución que la emancipación del mando del fierro español, y pertenecer a una nación.

2º – ¿Podremos constituirnos República sin una oposición formal de Brasil (pues a la verdad no es muy buena vecina para un país monárquico) sin artes, ciencias, agricultura, población, y con una extensión de tierra que con más propiedad puede llamarse desierto?

3º – ¿Si por la maldita educación recibida no repugna a mucha parte de los patriotas un sistema de gobierno puramente popular, persuadiéndose tiene éste una tendencia a destruir nuestra religión?

4º- ¿Si en el fermento horrendo de pasiones existentes, choque de partidos indestructibles, y mezquinas rivalidades no solamente provinciales sino de pueblo a pueblo, podemos constituirnos nación?

5º – ¿Si los medios violentos a que es preciso recurrir para salvarnos tendrán o no los resultados que se proponen los buenos americanos, y si se podrán o no realizar, contrastando el egoísmo de los pudientes?

Seis años contamos de revolución y los enemigos victoriosos por todos lados nos oprimen: falta de jefes militares, y nuestra desunión son las causales! Y se podrán remediar!

Puede demostrarse que no podemos hacer una guerra de orden, por más tiempo que el de dos años, por falta de numerario y si sigue la contienda, no nos resta otro arbitrio que recurrir a la guerra de montonera y en este caso sería hacérnosla a nosotros mismos.

Ya está decidido el problema de la Inglaterra, nada hay que esperar de ella.

Ahora bien, ¿cuál es el medio de salvarnos? Yo lo sé, pero el congreso lo aplicará como tan interesado en el bien de estos pueblos; resta saber, que si los tales medios no se toman en todo este año no encuentro (según mi tosca política) remedio alguno. Se acabó. (…)”.

Acerca de la idea de gobierno, a San Martín no le parecía apropiada la idea de federación, y lo expresó en una carta a su amigo Tomás Godoy Cruz el 14/01/1816, en la que dejó en claro que las quejas de las provincias y eran justas y quizá sería mejor buscar otra ciudad capital que no fuese Buenos Aires:

“(…) Me muero cada vez que oigo hablar de federación. ¿No sería más conveniente trasplantar la capital a otro punto, cortando por este medio las justas quejas de las provincias? ¡Pero federación! ¿Y puede verificarse? Si en un gobierno constituido y en un país ilustrado, poblado, artista, agricultor y comerciante se han tocado en la última guerra contra los ingleses (hablo de los americanos del Norte) las dificultades de una federación, ¿qué será de nosotros que carecemos de aquellas ventajas? Amigo mío, si con todas las provincias y sus recursos somos débiles ¿qué no sucederá aisladas cada una de ellas? Agregue usted a esto las rivalidades de vecindad, los intereses encontrados de todas ellas, y concluirá usted, que todo se volverá una leonera cuyo tercero en discordia será el enemigo. (…)”.

Si había que elegir nuevo director supremo, su idea era muy concreta: Manuel Belgrano, tal como lo dijo el 12/03/1816:

“(…) En el caso de nombrar quién deba remplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano, éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur… (…)”.

Y le resultaba prioritario cesar con las contiendas internas, según la carta del 16/04/1816:

“(…) Más que mil victorias he celebrado la mil veces feliz unión de Güemes con Rondeau. Así es que la demostración es ésta sobre tan feliz incidente se han celebrado con una salva de veinte cañonazos, iluminación, repiques y otras mil cosas. (…)”.

En esa misma ocasión, urgió por declarar la independencia:

“(…) Â ¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y la cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependernos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos. Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación, y por otra parte el sistema ganaría un 50 por ciento con tal paso. Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Veamos claros, mi amigo, si no se hace el congreso es nulo en todas sus partes, porque resumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadera, es decir, a Fernandito. (…)”.

El 09/07/1816, a pedido del diputado jujeño Teodoro Sánchez de Bustamante, se discutió el proyecto de Declaración de la Independencia.

Después de 3 meses y medio de sesiones, el Congreso proclamó este día la existencia de una nueva nación libre e independiente de España u otras naciones: las Provincias Unidas de Sud América.

El diputado sanjuanino Francisco Narciso de Laprida preguntó: “¿Queréis que las Provincias de la Unión sean una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?”.

Todos los diputados contestaron afirmativamente. De inmediato, se labró el Acta de la Emancipación.

La noticia no llegó a Mendoza hasta el 19/07/1816. Y San Martín no estaba en la provincia (se había ido a Córdoba para entrevistarse con Juan Martín de Pueyrredón), por lo que fue Bernardo O’Higgins -quien había quedado a frente del Ejército- quien se encargó de las celebraciones.

El 20/07/1816, O’Higgins decidió hacer una ‘parada’ con 200 granaderos de Mendoza, aunque sólo tenía 40 caballos.

Entonces pidió a la población 160 caballos para hacer el acto. También se hizo un Tedéum para agradecer a Dios, se iluminó la ciudad, hubo corrida de cañas y fuegos de artificio.

El 08/08/1816, ya San Martín en Mendoza, tomó el juramento de rigor a los jefes y generales del Ejército y el cruce de los Andes inició su preparación definitiva.

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